Te reconozco en las costumbres, en la migración del amor,
en los titubeos de la noche ocurriendo debajo de tus pies.
Olvidaste atarme donde acaba el mundo y empieza el ayer,
en los mimos que se repiten en la ausencia y en mis versos.
Olvidaste invitar a las visiones que se repiten en mis voces
y se escriben en imposibles delirios y alargados recorridos.
Ahora es tarde para corregir las trampas llenas de sombras
y es tarde para las tristezas recogidas en tu secreta mirada.
Tu regreso me ha llenado con los gritos de absurdas poses,
con abismos que se abren en noches y ocultan lo inmenso.
Tú existes en mis temblores, en los extremos de la cordura,
en mis vigilias, en los vacíos que siempre ocultan mis voces.
Te reconozco en los rastros del futuro que susurran olvidos
y me regresan a tu tierna voz donde conjuro tus presencias.
Rolando del Pozo