Hay una noche detrás de esta noche,
una noche profunda como el mar
donde el abandono se vuelve de voces
y se escuchan los rumores de la tierra.
Allí comienza un cielo reverso,
el que no vemos porque nuestros ojos
fueron hechos para una falsa claridad.
La oscuridad no está vacía.
Guarda un sol enterrado,
un estrella negra que arde hacia adentro
y cuya luz no cae sobre las cosas:
las despierta en un universo paralelo.
Bajo esa luz reversa y desconocida
los muertos vuelven a tener sombra,
las piedras recuerdan nuestros pasos,
y el mar conserva en sus entrañas
los nombres que alguna vez pronunciamos.
Yo soy otro en noches desdobladas.
Hay alguien que camina conmigo
por las habitaciones apagadas,
alguien que lleva mi rostro sin saberlo
y conoce un destino con puertas idénticas.
Tal vez toda existencia
sea apenas un largo regreso
hacia aquello que fuimos y que seremos.
Por eso amo la noche.
Porque cuando la ciudad se apaga
y el cielo pierde sus ventanas,
puedo escuchar el corazón secreto
de las cosas:
la respiración de los árboles,
la humedad que sube desde la tierra,
el temblor de una estrella lejana
que parece morir
para que nosotros podamos verla.
Rolando del Pozo