viernes, septiembre 25, 2026

Laberinto

No soy un ser, soy una voz que se disuelve,
un espejo que no devuelve lo que mira,
sino el reflejo de una vida pasada.
Un corredor de ecos donde el yo se vuelve ajeno.


Mi piel no es un límite, es una conjetura,
una membrana de arena y de recuerdos.

Me evado por los ardores de mi nombre,
como agua por la fisura de un cántaro eterno.


A veces sueño que soy dos:
el que divaga y el que escribe al que divaga.
Y un tercero que los lee y sospecha
que ambos son la misma alucinación.


¿Quién se mira cuando yo me miro?
Un rostro que ensaya mi rostro,
un laberinto donde cada puerta
es la salida a otro laberinto.


He dejado mi voz en los cuartos vacíos,
y un grupo de recuerdos que no pertenece
a la memoria de este desconocido.


Todo vuelve, y nada vuelve igual.


Y sin embargo, en esta disolución,
en este derrame incesante,
presiento que soy más vasto que el tiempo:
no el que se encierra,
sino el que se dispersa
y al dispersarse, por fin, se encuentra.


Rolando del Pozo

jueves, septiembre 10, 2026

Las cartas

En la mesa, bajo la lámpara,
alguien baraja los pétalos de la noche.

No sé si es una mujer, un dios,
o la sombra de mi propia mano
que ha venido desde otro tiempo
a preguntarme quién realmente soy.

Una carta cae. La luna.

Y en su espejo veo un camino
que se bifurca hacia ninguna parte,
dos puertas que conducen al mismo secreto,
dos destinos que acaso fueron
la misma vida, en la misma noche.

No existe el azar cuando las sombras
han aprendido nuestros nombres.

El tarot sólo revela
lo que ya estaba escrito
en la sangre de las cosas:
la muerte detrás de la rosa,
el fuego dormido bajo la ceniza,
el beso que aún no ha sucedido
y que, sin embargo,
alguna noche nos dejó sus labios.

He aprendido a desconfiar de la luz.
Hay verdades que sólo aparecen
cuando el mundo apaga sus ojos.

Entonces los presagios comienzan:
un pájaro golpea tres veces la ventana,
una puerta respira en la casa vacía,
una estrella desaparece
del lugar donde siempre había estado.

Y comprendo que lo sagrado
no vive en los templos.

Vive en esa grieta de la noche
por donde algo desconocido
nos contempla y permanece boca abajo.

Rolando del Pozo

viernes, septiembre 04, 2026

La oscuridad

Hay una noche detrás de esta noche,

una noche profunda como el mar

donde el abandono se vuelve de voces

y se escuchan los rumores de la tierra.


Allí comienza un cielo reverso,

el que no vemos porque nuestros ojos

fueron hechos para una falsa claridad.


La oscuridad no está vacía.


Guarda un sol enterrado,

un estrella negra que arde hacia adentro

y cuya luz no cae sobre las cosas:

las despierta en un universo paralelo.


Bajo esa luz reversa y desconocida

los muertos vuelven a tener sombra,

las piedras recuerdan nuestros pasos,

y el mar conserva en sus entrañas

los nombres que alguna vez pronunciamos.


Yo soy otro en noches desdobladas.


Hay alguien que camina conmigo

por las habitaciones apagadas,

alguien que lleva mi rostro sin saberlo

y conoce un destino con puertas idénticas.


Tal vez toda existencia

sea apenas un largo regreso

hacia aquello que fuimos y que seremos.


Por eso amo la noche.


Porque cuando la ciudad se apaga

y el cielo pierde sus ventanas,

puedo escuchar el corazón secreto

de las cosas:


la respiración de los árboles,

la humedad que sube desde la tierra,

el temblor de una estrella lejana

que parece morir

para que nosotros podamos verla.


Rolando del Pozo