Mujer de espacios tenues, de inclinadas tardes.
¿De qué están hechos tus gemidos,
qué sombra los recoge cuando callas?
Mujer llena de ecos tristes y lentos besos,
¿de qué están hechos tus pechos largamente dulces?
Eres de húmedos ritos, de horas blancas, de rosas.
Eres de noches y hueles a lunas en mis manos.
¿De qué está hecho tu corazón de soledades?
¿Qué pájaro invisible te inclina la memoria?
Me dictan las ganas tu incompleta dicha, tus esperas.
Me dictan tus pechos un rostro de ritos y de sombras.
Eres la mirada que emerge del fondo del alma
y calma, por un instante, mis abismos.
Eres el grito que sacude estrellas y noches ausentes.
Y en el amor, eres el gastado gemido de la saciedad;
y en mis palabras, aquello que vuelve,
lo que se repite y te nombra,
lo que te inventa mujer
en el umbral de mi sombra.
Rolando del Pozo