viernes, julio 31, 2026

Mis sueños

Abrí mis ojos de ausencias
y alguien había vivido por mí durante la noche.

Lo supe por la tierna nostalgia,
esa huésped que jamás se equivoca.

Recordé una casa donde la noche
pronunciaba mi nombre con otra boca;
una voz cuyos ardores conocía
como conocen las raíces el idioma de la tierra;
un hijo que heredó de mis manos
la costumbre de señalar estrellas inexistentes.

Todo había sucedido
en la memoria de las cosas perdidas.

Pude recordar el olor de las habitaciones,
la cicatriz de una tarde,
el temblor de una despedida
que nunca se atrevió a robarse el mundo.

Busqué los rasgos de una tarde de versos,
y las certezas alimentando mis dolores.
No encontré más que el espejo,
ocupado por un desconocido
que parecía regresar de su propia ausencia.

Entonces comprendí
que mi memoria no distingue
entre lo vivido y lo soñado.

Desde aquel amanecer
camino con dos sombras.

La que proyecta mi voz en mis palabras
y otra, más antigua,
que recuerda con infinita tristeza
que mis sueños se roban los amaneceres
que jamás tuvieron lugar.

Rolando del Pozo

martes, julio 21, 2026

No era un sueño

Desperté antes de todos mis nombres,
cuando aún la luz no había elegido
en qué ventana caer y renacer.

Traía conmigo una llave de versos,
el duelo de un hombre sin rostro
y la certeza de haber enterrado
algo que todavía respira.

No era un sueño.

Los sueños dejan ceniza en los párpados.
Esto, en cambio, latía y clamaba
detrás de mis alucinaciones,
como un animal que conoce mi sangre.

Recordaba una casa sin espacios:
sus corredores descendían
hacia una habitación donde alguien
escribía mi vida con tinta invisible.

Afuera, los árboles guardaban silencio.
Los relojes marcaban la misma hora:
la hora en que las puertas se abren
en una casa que nadie imaginó.

Entonces una voz,
no sé si nacida de mis abismos,
pronuncia los verbos de la distancia.

Desde entonces camino con cautela.
Cada sombra puede estar llena de señales,
llena de los sobrevivientes
de aquella vida que llevo conmigo.

Y en algunas noches,
cuando el mundo se vuelve tan frágil
como un vaso en manos de una sombra,
siento que alguien me descubre y olvida que existo.

Rolando del Pozo

viernes, julio 10, 2026

Te escribo

Te escribo desde la habitación donde las lámparas

han olvidado los nombres de la ausencia.


No sé a qué reino pertenece ahora tu silencio.

Quizá eres la respiración de un verso,

la sombra que sostiene a los árboles

cuando la noche se desprende del cielo.


He doblado esta carta

con la paciencia de quien envuelve una reliquia.

La entregué al viento,

al misterio que recuerda todos los rostros,

al animal invisible lleno de luces

que atraviesa mis sueños sin dejar huellas.


Te pregunté lleno de temores

si la muerte era una puerta

o apenas otra dimensión 

donde el tiempo se contempla a sí mismo.


Entonces llegó tu respuesta.


La encontré escrita

en el revés de mi propia respiración,

en la ceniza intacta de mis horas,

en el temblor con que una llave

reconoce una casa que ya no existe.


Desde entonces te escribo con la tinta

que aprende a deshojarse

como una flor aprende otro idioma.


Porque mis cartas conocen,

antes que mi mano,

la dirección secreta de mis ausentes.


Y comprendo

que toda respuesta, espera desde siempre,

en mis secretos plenos de amaneceres,

en el otro lado de mis versos llenos de tu sombra.


Rolando del Pozo