viernes, octubre 17, 2008

Están las rosas

Están las rosas persistiendo en el abandono de tus manos,
entre las piedras de un jardín familiar, ajustando los adioses.

Están los retratos indagando tus voces en la espesura del ayer,
a manera de afilados presagios que se tornan viento y me golpean.

Está la juventud de tus senos reposando en mis pensamientos,
asumiendo las noches, los amaneceres y las recordadas fechas.

¿Recuerdas los inclinados paisajes repitiéndose en las ventanas?

Han crecido las memorias desde la última vez, llenando los vacíos,
fabulando los regresos de una luna vencida a tus pechos rosados.

Están las inútiles paredes que cercan la nada y los tibios nombres
de mi abandonado cuerpo, de mis silencios obstinados y olvidados.

¿Recuerdas las voces de los augurios en los desazonados otoños?

Todo sigue igual, los temores en los repetidos sueños y las esperas,
el roce inconfundible de tu recuerdo que se apura en las preguntas,
y las ganas inagotables de gastarse la piel, hasta verla desaparecer.


Rolando del Pozo

miércoles, septiembre 03, 2008

Mis versos

Mis versos indagan tu nombre en las sombras;
revelan tu rostro que se perpetúa en el espejo,
que se perpetúa en una luna invadida del ayer.

Mis versos son rasgados y esperados presagios,
son las respuestas vagas a un cielo que vendrá.

Saben trocar la manía que vive en tus reclamos.
Saben de las noches, de tus visiones, de la nada.

¿Quieres saber del amor en mis frases gastadas?
¿Quieres saber de la pasión en mis tardas voces?

Levanta el vino y decora el albor con tus gemidos.
Acoge los espasmos que han resuelto angustiarte.

Mis versos son los ecos tramposos de tus piernas,
son las voces que te retornan serena desde el ayer.

Saben morar tus círculos, tus desdichas, tus gozos,
y saben reclamarte desnuda y volverte de espacios.


Rolando del Pozo

miércoles, agosto 06, 2008

No sé del tiempo

No sé del tiempo que se conjuga tierno en la distancia,

ni del nombre que se confunde con un verbo sin voces.

 

No hay espacios en los recuerdos evocando memorias.

No hay soledades que escriban en los azares de mi voz.

 

Todo ha perdido su lustre en los vuelos lentos del amor.

Todo brilla diferente en tu insomne y azulado despertar.

 

Debo seguir aunándote en esta voz de simetrías rígidas.

Debo seguir invocándote en este viaje lleno de escapes.

 

Tus sobresaltos se escurren dóciles en esta tarda huida.

Tus alucinaciones afinan las salidas a tus rígidas señales.

 

No sé de las promesas que esperan en sutiles andanzas.

No sé de luces en el desvío de tu escasa piel angustiada.

 

Tal vez me convenga repetir este viaje desde el principio

y consumar mi destino en alguna de tus dolientes poses.

 

Rolando del Pozo

miércoles, junio 18, 2008

No pronunciaré

No pronunciaré tus verbos en tu lecho de azules horas,
de temblores, de aliento distante, de alma sin memoria.

No pronunciaré tus voces en mis arrebatadas paranoias,
en la imagen alargada del tiempo, en mis días de manos.

Todo ha de ausentarse marcando tus piernas, tus senos.
Todo ha de volverse de luz en la orilla ávida de tu vientre.

Talvez sólo los ecos del amor persistan en mis desahogos.
Talvez tus recuerdos me devuelvan a tus labios, a tu boca.

No pronunciaré los silencios que acunaste en tus locuras,
en tus sollozos, en las misteriosas llamadas de tus piernas.

Todo ha de ajustarse con tu quimérico despertar de rosas.
Todo ha de repetirse en las sucesivas caras de tu nombre.

Talvez ya me marché en tus gemidos, en tus tenues afanes,
o simplemente estoy de regreso, en tus perpetuos sudores.

Talvez sólo soy el sueño que se pierde al ritmo de tus bocas,
o simplemente soy una voz rendida que siempre te reclama.


Rolando del Pozo

jueves, junio 12, 2008

Me aguardas

Me aguardas en las luces que bailan en la ventana,

en el vacío que murmura tibiamente tus nombres,

en las frases que lavan las rosas de un fresco jardín.

 

Me aguardas en la memoria de un lento y tibio beso,

al comienzo de un insomne orgasmo, ruidoso y calmo.

 

Orgasmo que envuelve el vuelo de tus rosados senos

y murmura sudores y pasos que no intentas aplacar.

 

Me aguardas invitando al dolor que duplicas en voces;

arrodillada, sometida al angustiado drama de aceptar

los límites de tu alma sedienta en una noche de ansias.

 

Me aguardas en el recuento final de tus afligidos gritos,

en tu derecho a bordar una historia que te reclama laxa,

dispersa, adolorida, tímidamente esclava de tu destino.


Rolando del Pozo