viernes, septiembre 25, 2026

Laberinto

No soy un ser, soy una voz que se disuelve,
un espejo que no devuelve lo que mira,
sino el reflejo de una vida pasada.
Un corredor de ecos donde el yo se vuelve ajeno.


Mi piel no es un límite, es una conjetura,
una membrana de arena y de recuerdos.

Me evado por los ardores de mi nombre,
como agua por la fisura de un cántaro eterno.


A veces sueño que soy dos:
el que divaga y el que escribe al que divaga.
Y un tercero que los lee y sospecha
que ambos son la misma alucinación.


¿Quién se mira cuando yo me miro?
Un rostro que ensaya mi rostro,
un laberinto donde cada puerta
es la salida a otro laberinto.


He dejado mi voz en los cuartos vacíos,
y un grupo de recuerdos que no pertenece
a la memoria de este desconocido.


Todo vuelve, y nada vuelve igual.


Y sin embargo, en esta disolución,
en este derrame incesante,
presiento que soy más vasto que el tiempo:
no el que se encierra,
sino el que se dispersa
y al dispersarse, por fin, se encuentra.


Rolando del Pozo

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