jueves, septiembre 10, 2026

Las cartas

En la mesa, bajo la lámpara,
alguien baraja los pétalos de la noche.

No sé si es una mujer, un dios,
o la sombra de mi propia mano
que ha venido desde otro tiempo
a preguntarme quién realmente soy.

Una carta cae. La luna.

Y en su espejo veo un camino
que se bifurca hacia ninguna parte,
dos puertas que conducen al mismo secreto,
dos destinos que acaso fueron
la misma vida, en la misma noche.

No existe el azar cuando las sombras
han aprendido nuestros nombres.

El tarot sólo revela
lo que ya estaba escrito
en la sangre de las cosas:
la muerte detrás de la rosa,
el fuego dormido bajo la ceniza,
el beso que aún no ha sucedido
y que, sin embargo,
alguna noche nos dejó sus labios.

He aprendido a desconfiar de la luz.
Hay verdades que sólo aparecen
cuando el mundo apaga sus ojos.

Entonces los presagios comienzan:
un pájaro golpea tres veces la ventana,
una puerta respira en la casa vacía,
una estrella desaparece
del lugar donde siempre había estado.

Y comprendo que lo sagrado
no vive en los templos.

Vive en esa grieta de la noche
por donde algo desconocido
nos contempla y permanece boca abajo.

Rolando del Pozo

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