lunes, enero 05, 2026

Luz abierta

Este ser no sólo ocurre: arde.

Me llama desde una raíz oscura

donde el beso añeja una lenta voz

que insiste en invocar mi sangre.

 

No hay tiempo: hay un pulso.

Un corazón sin nombre definido

que golpea en el ayer, en la carne,

en el deseo insaciable de durar 

aunque los versos se derrumben.

 

He amado sin saber que existo.

He amado al borde de tu mundo

con labios encendidos de ganas

como quien se aferra a un cuerpo

para no disolverse en la nada.

 

No hay comienzos en tus orígenes.

Hay un cuerpo devoto a tus formas,

una herida luminosa que sangra,

que canta mientras se abre en tu voz.

 

Al final no encuentro tus réplicas.

Hay un silencio fértil, una noche laxa

que nos nombra sin llenar adioses

como el mar nombra a la orilla:

gastándola, amándola,

haciéndola eterna en su quebranto.

 

Rolando del Pozo