La pasión no llega tarde:
se posa como una voz agitada en tus bocas.
Tiene olor a dolores abiertos,
a sangre que recuerda tu cuerpo de versos,
y entra a tu cuerpo como el mar lame una herida:
sin pedir permiso.
Es la ansiedad vestida de ruegos, sí;
respira entre tus muslos, enciende los besos,
golpea la sal de tu cuerpo hasta volverla canto.
Nada promete en esta noche inclinada.
Todo reclama.
Te nombra con labios que saben a incendio,
te desviste en el pasado de mis besos,
hunde sus voces en el centro donde tiemblan
las palabras resbalándose por tus costados.
Esta pasión no ama:
devora.
Quiere tu cuerpo extendido en mis labios,
la memoria ardiendo en mi destino,
y deja su marca:
un sol oscuro en tu piel sudorosa,
y una sed que aprende a decir para siempre.
Rolando del Pozo
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