lunes, noviembre 26, 2018

Amo

Amo las sombras que perduran en el tiempo,
el temblor de la noche, sus ritos y sus gestos.

Amo las fechas que se escriben desde el ayer
y las frases que se dejaron en espacios alados.

Amo la estadía de tu incierta voz en este viaje,
cambiante y silente, lleno de breves palabras.

Me duelen tus hálitos cambiantes, tus fábulas,
tus manos que sacuden mi geografía dispersa.

Me duele el amor en esta acorralada nostalgia
y el vuelo que descubre, mis distantes ruegos.

Amo el rostro de tus afligidos y solos temores.
Amo las distancias a la altura de tus quimeras.

Me duele tu amor enterrado lento en mi pecho;
empújalo suavemente, que desgarre mis versos.

Rolando del Pozo

miércoles, octubre 24, 2018

Mis besos

Mis besos se cumplen en tu tormentoso vientre
encendiendo la saliva que aúna todas tus ganas.

Se cumplen en la inexacta firmeza de tus senos
y en la antigua flor de tu sorprendida existencia.

Se cumplen en una memoria de arcaicas siluetas.
Se cumplen en el encierro de un olvidado espejo. 

¿De qué te sirven las sombras en disperso jardín? 
¿De qué te sirve el dolor acunado en tus piernas? 

No será necesario el fulgor de una lenta nostalgia.
No serán necesarias las edades en fogoso receso.

Mis besos te reclaman en una agotada melancolía,
en el incesante afán por la tierna lujuria y la pena.

Te reclaman con todas tus lágrimas, agitada, lenta,
dispersa en una incesante casa llena de ausencias.

Rolando del Pozo

domingo, septiembre 30, 2018

No necesito

No necesito la luna en una noche migrando sin sombras,
en una creciente sordera augurando tenues nacimientos,
en una pared llena de puertas que me conducen a la nada.

No necesito mi raza inútil en la curiosidad de los espejos;
no me deja disgregarme en los jirones de tu lento vientre.

Dejaré el profuso insomnio en tus fraccionadas piernas. 
Dejaré el insoluble ardor en la creciente llamada al ayer.

Necesito el viaje asumiendo la raíz de mis cesados pasos,
asumiendo los asombrados dilemas y la usura del destino.

Necesito un par de fantasmas en mis arrullados harapos,
en la ansiedad de mi infierno, en mis solas alucinaciones.

Y no hay lugar para tus cuerpos violentados y encogidos,
no hay lugar para tus superfluos brebajes y maldiciones. 

Te necesito inanimada en la duración de mi insensatez,
en la edad de mi reflejo, en el jadeo de sentidos regresos.

Te necesito en la respiración que me arranca el corazón
y me vuelve a una memoria llena de brillos y descuidos.

Rolando del Pozo

lunes, agosto 06, 2018

No van a existir

No van a existir momentos en que olvide tu boca.
No van a existir lamentos sumándose a tus labios.

Mis versos indagan los misterios de tu lento lecho.
Mis brazos acogen los desgarros de tu aunada voz.

Respuestas tienes para tus volcadas, locas noches.
Lo atestiguan tus pecados sumergidos en gemidos.

Y lo niegas todo en tu nombre limpiado de heridas.
Lo niegas en la pausa que recorre rotos comienzos.

No existirán lastimados recuerdos cobijando odios.
No habrá ardores que acunen tu boca de espacios.

Se frenarán mis razones en tus inclinados sentidos.
Se saciarán mis apremios en tus vértices ajustados. 

Y vuelves a mis agitados lapsos en la rueda del dolor.
Vuelves a mis frágiles versos en el pretexto del amor.

Rolando del Pozo

jueves, agosto 02, 2018

En tu voz

En tu voz residen las ganas que abren caminos
y habita el anhelo vestido de estáticas señales.

En tus ilusiones se escuchan ansiedades marinas
que sacuden auroras llenas de besos desbocados.

La locura me llena de pausas de luna, de anhelos,
de pasos reclinados en los vislumbrados destinos.

La locura me llena de besos escarlatas, de fatigas,
de pájaros que abren un jardín de manchas azules.

En tu vientre mutan las claras noches, los dolores.
Mutan las realidades que descubren tus gemidos.

En tu amor se ajusta una imagen llena de titubeos,
de presagios que alcanzan incesantes horizontes.

¿De qué te sirve mi locura llena de labios y llantos?
¡Cierra esta realidad y cercena mi truncada fábula!


Rolando del Pozo

sábado, octubre 01, 2016

Tu rostro

Tu rostro arropado de inocencia ha partido en los espejos,
ha partido en un tiempo disfrazado de mutables secretos,
en un porvenir de instantáneos temblores y desolaciones.

Debes alcanzar la infancia en la piel inconstante del mundo.
Debes alcanzar la distancia en las vacilantes olas del tiempo.

Y te aguardan las fisuras del alma en nuestro agotado lecho.
Te aguardan los frívolos gemidos y tu abandonada desnudez.

Debes alcanzar la historia que se repite en las suaves voces,
en las negaciones de la luna, en tus dispersas alucinaciones.

Tus infinitas sombras han partido en sumisos vocabularios,
en tu pálido aliento que detiene mis pasos y dibuja escapes.

Tus miradas han partido en el desvarío con las respuestas,
con voces que han escapado y te devuelven a tus comienzos.

Debes alcanzar los reclamos del sol, los miedos, las huidas.
Debes alcanzar la eternidad, la duración correcta del amor.


Rolando del Pozo

domingo, octubre 04, 2015

Es necesario

Es necesario el rumor que diluye palabras,

para que aprecie los signos de mi soledad.

 

Es necesario el tiempo lleno de comienzos,

de sumisas memorias, de efímeras pausas

para ordenar las sombras en tu lenta boca.

 

Han sido necesarias las extendidas noches

que se ordenan en dispersas y lentas voces.

 

Y todo se ha llenado de tus silentes gestos,

de manos desoladas y agitadas respuestas.

 

Todo se ha colmado del ritual de mis besos

que se cumple en tus alargadas primaveras.

 

Sé de los versos que se cumplen en tu boca.

Sé de tus palabras que ahuyentan la muerte. 

 

Y es necesario volver a tu tálamo lleno de luz

y reclamarte llena de versos, llena de pausas.

 

Rolando del Pozo

 

miércoles, agosto 12, 2015

Te escribo

Te escribo en mis delirios, en la oscura soledad

que se estremece en una tierna noche de brillos.

 

Escribo a las realidades sedientas de esperanzas,

sedientas de misterios que consumen un pasado

vestido de cenizas, vestido de gastadas palabras.

 

Y lloro en la melodía del viento que te esconde,

lloro los nombres que te llevan vestida de ganas.

 

Qué inútiles tus gestos en versos que desnudan

cuando el suspiro nos asimila en ajeno desvarío.

 

Qué inútiles los versos que suelo gritarle al alba

cuando la vida se posa en tus purpúreos labios.

 

Escribo en la voz que se ha vuelto mi lento viaje.

Escribo a la condena que se ha vuelto mi sangre

y al amor que corroe mi realidad desde tu boca.

 

Rolando del Pozo

jueves, junio 04, 2015

Se fugan

Se escapan las miradas hacia el demente espejo.

Se fuga la malicia de tu boca en un pálido adiós.


¿Qué haré con este miedo que aúlla a mis delirios?

¿Qué haré con los gestos que exponen tus siluetas?


Es la hora de huir al vacío que condena mi nombre.

Es la hora de borrar la noche en tus brazos abiertos.


Pero mis labios insisten en roídas sonrisas y versos

porque ignoran que todo es efímero en tus gemidos.


Tus piernas insisten en mis viejos y azuzados besos

e ignoran mis encierros en tus ajustados desahogos.


Nada variará en tus labios que insisten en el olvido.

Nada variará en la golondrina que borra estaciones.


Es la hora de vivir con tus ruegos en mi cielo abierto.

Es la hora de tus lentos labios ajustando mi erección.


Se fugan las pausas en las angustias de tu desnudez

y se fugan los delirios y las ganas de volver a nacer.


Rolando del Pozo

domingo, enero 25, 2015

En mi voz

En mi voz hay un silencio que se agita y tiembla,

hay un rumor partiéndose en pequeñas noches.

 

En mi vida hay flores breves que no se nombrar,

hay un espejo enorme que me devora despacio.

 

Están tus gestos en dispersas y lentas alboradas.

Están tus voces donde descifro tus tenues besos.

 

Y reconoces que se avivan mis labios en tu boca.

Reconoces que hay algo que crece en mis letras.

 

Cúrame de tus rebeliones, de tus poses esquivas.

Cúrame de tus afiladas noches que me reclaman.

 

Y dices que no sabes de mis desvaríos y malicias,

que no sabes de mis delirios aunando tus piernas.

 

Es la hora de borrar tu voz, de borrar tus formas,

de contemplar tu recuerdo en la insolente nada. 

 

Rolando del Pozo