martes, enero 27, 2026

Ritual

He acomodado la noche sobre la mesa

como un dolor oscuro que sabe mi nombre.

 

Trazo tus círculos con polvo y saliva,

con otras voces que nunca fueron mías.

 

Mis palabras ascienden desde la tierra, 

se bifurcan:

unas imploran tus ganas, otras titubean.

 

Oh fuerzas sin rostro, entren al viejo rito

como quien entra a un laberinto sin salidas.

 

Tus deseos se reclinan en mis memorias.

Detrás de mí se cumplen conjuros y es tarde.

 

Tus poses respiran como un albor infinito;

la casa recuerda todas tus voces y ninguna.

 

Y te ofrezco lo único que no se consume:

un amor lleno de círculos,

una sombra sembrada de símbolos,

y este deseo que insiste en volverte de luz.

 

Rolando del Pozo

 

lunes, enero 19, 2026

Umbral de ausencias

En la casa donde habito con todas tus distancias,

donde cada puerta guarda un rostro que no es el mío

y las ventanas se abren hacia un ajustado vértigo,

yo te llamo con nombres que no existen,

con palabras que el tiempo aunó en tus pausas.

 

¿Quién soy sino esta sombra que se extiende

más allá de los límites del cuerpo;

este viajero extraviado en el mapa de sus propios pasos,

este que habla con la voz de todos mis muertos?

 

Detrás de cada noche hay otra noche más profunda

y, al fondo de tus alucinaciones diversas,

yace una voz que teje con mis pausas tus abismos.

 

He bebido en la copa de las horas perdidas;

he llamado a tu puerta desde todos los siglos

pero tú permaneces del otro lado del silencio,

inasible como el agua entre los dedos del sueño.

 

Porque en esta casa donde llueve hacia adentro

y las mariposas amarillas anuncian lo inevitable,

donde el olvido huele a almendras envejecidas,

yo sigo esperándote con la insistencia de la noche.


Rolando del Pozo

sábado, enero 10, 2026

Algo te nombra

No busco mi rostro en los espejos,

sino en la fisura que dejan tus palabras

cuando rozan con distancias mi sangre

y demandan morar en mis horizontes.

 

Este poema no se divide: respira.

A veces suda, otras veces murmura,

como si hubiera pasado la noche

soñando responderte con silencios.

 

Algo te nombra desde adentro.

No es una voz; 

es una presencia familiar,

una certeza que se mueve por los versos

como el polvo por una casa desolada.

 

Los recuerdos arden.

Describirte es morder una sílaba

que sabe a fruta madura y a presagio,

como si el idioma supiera más de ti

de lo que se atreve a describir.

 

Hay pasillos que idean patios invisibles,

signos que laten como animales mansos,

y una vigilia espesa

donde lo imposible ocurre

con la tranquilidad de lo cotidiano.

 

Cierro las voces que te reclaman.

Pero algo queda en la habitación:

una presencia sentada en la penumbra,

segura de haber sido real,

segura de haberme leído

antes de desaparecer sin despedirse.

Rolando del Pozo

lunes, enero 05, 2026

Luz abierta

Este ser no sólo ocurre: arde.

Me llama desde una raíz oscura

donde el beso añeja una lenta voz

que insiste en invocar mi sangre.

 

No hay tiempo: hay un pulso.

Un corazón sin nombre definido

que golpea en el ayer, en la carne,

en el deseo insaciable de durar 

aunque los versos se derrumben.

 

He amado sin saber que existo.

He amado al borde de tu mundo

con labios encendidos de ganas

como quien se aferra a un cuerpo

para no disolverse en la nada.

 

No hay comienzos en tus orígenes.

Hay un cuerpo devoto a tus formas,

una herida luminosa que sangra,

que canta mientras se abre en tu voz.

 

Al final no encuentro tus réplicas.

Hay un silencio fértil, una noche laxa

que nos nombra sin llenar adioses

como el mar nombra a la orilla:

gastándola, amándola,

haciéndola eterna en su quebranto.

 

Rolando del Pozo