jueves, marzo 12, 2026

Casa de voces

En la casa donde tu voz aprendió mi nombre

hay un espejo que respira detrás de la pared.

Un espejo viejo que recuerda las caras

de todos los que te han llenado de pausas

desde antes de que la lluvia aprendiera a caer.

 

Refleja a un chaval de un pueblo de polvo amarillo

donde las horas olían a dolores abiertos por el sol.

 

Allí, en esa casa de voces, he dejado mis pasos

como si fueran pájaros cansados

que regresan cada tarde al mismo árbol,

aunque el árbol haya sido talado hace cien años.

 

Aquí, el tiempo se derrama lentamente

desde un cántaro invisible.

 

¿Quién pronuncia tu nombre cuando duermo?

¿Quién recoge las cenizas del día

y las guarda en los bolsillos de la madrugada?

 

Y tú apareces de repente,

como esas lluvias inesperadas de agosto

que hacen que mis sombras se multipliquen.

 

Y entonces comprendo

que este amor es una cosa extraña:

un viento tibio que abre las ventanas

de las casas donde ya no vive nadie.

 

Rolando del Pozo