Sunday, June 29, 2008

Cierras

Cierras tus manos en un espacio donde tus aflicciones
son las suplicas de tu pelvis y los descuidos de la pasión.

Cierras la noche entre tus vértices y mi cuerpo respira.
Cierras tus voces y te vuelves el abrigo de todo un infinito.

¿Dónde encuentro tu pálida señal que se levanta silente?

Abres los silencios para revelar que la realidad es el juego
de una memoria inconsistente, la imagen cambiante del ayer.

Abres tu sangre y vuelven los espasmos en los atados sudores
que te deshabitan, en los calores desprendidos de tu tibia voz.

¿Quién te levanta en el cristal de una memoria que se agota?

Cierras las luces quebradas en tu orgasmo y abres tu corazón
de mariposas violetas, de victorias arrebatadas a la desazón.

Cierras lo imposible y te encierra una raza de pausado lenguaje.
Cierras el amor y lo abres, en la víspera de tus leves gemidos.

Rolando del Pozo


Wednesday, June 18, 2008

No pronunciaré

No pronunciaré tus verbos en tu lecho de azules horas,
de temblores, de aliento distante, de alma sin memoria.

No pronunciaré tus voces en mis arrebatadas paranoias,
en la imagen alargada del tiempo, en mis días de manos.

Todo ha de ausentarse marcando tus piernas, tus senos.
Todo ha de volverse de luz en la orilla ávida de tu vientre.

Talvez sólo los ecos del amor persistan en mis desahogos.
Talvez tus recuerdos me devuelvan a tus labios, a tu boca.

No pronunciaré los silencios que acunaste en tus locuras,
en tus sollozos, en las misteriosas llamadas de tus piernas.

Todo ha de ajustarse con tu quimérico despertar de rosas.
Todo ha de repetirse en las sucesivas caras de tu nombre.

Talvez ya me marché en tus gemidos, en tus tenues afanes,
o simplemente estoy de regreso, en tus perpetuos sudores.

Talvez sólo soy el sueño que se pierde al ritmo de tus bocas,
o simplemente soy una voz rendida que siempre te reclama.


Rolando del Pozo

Thursday, June 12, 2008

Me aguardas

Me aguardas en las luces que bailan en la ventana,
en el vacío que murmura tibiamente tus nombres,
en las frases que lavan las rosas de un exiliado jardín.

Me aguardas en la memoria de un lento y tibio beso,
al comienzo de un insomne orgasmo, ruidoso y calmo.
Orgasmo que envuelve el vuelo de tus rosados senos
y murmura sudores y pasos que no intentas aplacar.

Me aguardas invitando al dolor que duplicas en voces;
arrodillada, sometida al angustiado drama de aceptar
los límites de tu alma sedienta en una noche de ansias.

Me aguardas en el recuento final de tus afligidos gritos,
en tu derecho a bordar una historia que te reclama laxa,
dispersa, adolorida, tímidamente esclava de tu destino.

Rolando del Pozo