Sunday, December 24, 2006

En el conocer

En tu voz residen las ganas que abren caminos.
En tu piel habita la esperanza vestida de silentes palabras.

En tus ilusiones se escucha todo crecimiento de luz
y se agitan los amaneceres llenos de besos y ríos desbocados.

Es la locura en tus pausas de luna, lo que me lastima.
Es la pasión en tus besos escarlatas lo que te mancha de azules,
lo que te pinta en letras, anhelos y pasos.

En tu vientre mutan mis ansiedades en clara y llana paz.
Se presagian dolores en tu pecho, en el desenlace de gemidos y labios.
Se auguran realidades que sólo alcanzan tus caricias.

Es el amor florecido en tus pensamientos, lo que me estremece.
Es el ardor sazonado en tu vientre, lo que me subyuga.
Es la razón angustiada en el tropismo por tus labios
lo que te pinta en mi corazón, perenne.


Rolando del Pozo

Tuesday, December 12, 2006

Te llaman

Te llaman desde tu nacimiento, los pasos del tiempo,
las puertas que demandan espacios y sellan sombras,
las imágenes solitarias que fragmentan viejos espejos
y una luna de semblantes invadidos por lo que vendrá.

Te llama la muerte sin penas, lo admiten tus pecados.
Te llaman los signos de un mundo habitado por locos.

Tu vida es de vocablos sueltos en el retorno del ruego,
de estériles fragancias, de escapes levemente tenues.
Es de viajes ajustados donde se bosquejan los paisajes
y los muros de un sueño disperso, que nada encierran.

Te llaman los nombres de un corazón verde, alargado;
se atesoran olvidos en sus latidos, se deshilan pasados.

Te llama la noche en el brillo de la soledad y el perdón
y te reclama la vida vestida de voces, círculos y dolores.


Rolando del Pozo

Tuesday, December 05, 2006

En tus habituales

En tus habituales clamores florecen paraísos,
las miradas del ayer y los espasmos de la luna.

En tu vientre se renueva un jardín de espacios
donde germinan las ganas agudas de tus besos
y las bendiciones de unos pechos sin oraciones.

En tu olor a cuerpo mojado se recupera una voz
que anuncia el cansancio del verso en tus senos
y el benigno temporal que alumbra tus destinos.

Te siento parte de mi suerte, de mis demencias,
de ese trecho que la muerte vagamente acaricia.

En los límites del tiempo alucina tu vago respiro
y la frescura de una insulsa memoria sin dolores.

En el olor de tus senos soy la noche, la fatalidad,
el eco de la casualidad, de lo poco comprendido.
Soy el sueño que se despierta entre tus piernas,
extrañamente confundido, agotado y satisfecho.

Rolando del Pozo