skip to main |
skip to sidebar
Te has vestido con tus lágrimas gastadas;has lucido tu agitada inocencia en el espejo roto del tiempo;has crecido en las sombras de inconclusos poemas.Te has vestido con las promesas, con los silencios,con las ganas sazonadas de tus hambrientos costados.Has lucido tu cuerpo dividido y disputado por las horas.No te importa el aliento que encierra tus manos en el miedo.Ni siquiera los comienzos que engendran tus formas.Ni siquiera las condenas que se derraman del amor.Te has vestido con una inconstante eternidad,con los fragmentos de una historia que tiende a repetirse.Has lucido las edades que te muestran de revés,que estiran tu piel y la llenan de memorias.Has lucido mis palabras que se abrazan en un viaje sin fin.Es inútil tratar de describirte si tus comienzos son abismos.Es inútil callar en mis versos, que no conocen del olvido.Rolando del Pozo
Vuelves en el silencio que se prolonga en las ventanas abiertas.
Hace mucho tiempo, las horas te bordaron con los recuerdos.
Eras la canción de un poema custodiado por la luna
y el alma de unas palabras mal escritas, desobedientes, tiernas.
Te inventabas en los espejos, en las tentaciones,
en las abandonadas apariciones de un porvenir enmohecido.
Yo inventaba los juegos, las trampas, las plegarias
que adormecían tus sombras en mis manos.
Hace mucho tiempo, tus pasos se confundieron con la casualidad.
Eras el inacabado invierno labrado por la nieve,
la ausencia más rebelde, el desamparado azar.
Vuelves para desmentir mi soledad, para completar los adioses,
para abandonar la noche en un espacio después del tiempo.
Vuelves a inventarte en el amor, en la espesura de mi cuerpo,
como se inventan los sueños, que sucumben en el despertar.Rolando del Pozo
Mis horas son el relieve de un vacío sin nombre;son el despertar en un comienzo semejante a mis culpas;son la evidencia de un desprendido cielo que mira hacia atrás.Mis horas son palabras desgarradas en una voz en llamas.Hay luz donde se lastiman mis ansias.Hay un siempre y un nunca que tienen apariencia de destino.Hay un corazón olvidado en los costados de mi desesperación.Sólo me quedan las formas del adiós, los fantasmasy los repudios de un ángel fraguado en soledades.Mis horas están hechas de llamadas y condenas...Mis horas son abismos que se alimentan de poesía.Poesía que es la imagen de un alfabeto sin pronunciar;la llave que abre sombras en un verbo lleno de vocesy que pretende descubrir el código de un Dios indescifrable.Rolando del Pozo
Es la hora del deseo en un resplandor sin culpas.
La hora de rostros arrojados a desprendidos cielos.
La hora de los amantes y sus trasmutados gemidos.
La hora de imágenes mutando en el follaje de la pasión.
Mi destino es recobrar las formas escondidas en tu lecho arrugado.
Mi destino es lo que ignoraba en tus clamores débiles,
en las flores carnosas de tu vientre, en el perfume de tus piernas.
A solas, la inocencia aspira la emboscada oscura de una piel sudorosa.
A solas, el alma se envuelve de entrecruzados cuerpos
y el pecado es un viento exasperado, instantáneo y perecedero.
Mi destino es mirar tus comienzos invadidos de largos viajes...
Es la hora de tus plegarias envueltas en una voz muy tenue;
la hora de tus fulgores, de tus temores, de tus visiones:
el despliegue inevitable de toda tu existencia.
Rolando del Pozo
Es mi realidad, el reflejo de lo invisible, lo que huye.
Es el hambre, un dios reclamándome, lo que no se extingue.
Es la soledad, un soplo a la deriva que persiste en mi sangre
y se acaba donde comienza lo imposible.
A cada cual, la sed que encierra el desconcierto.
A cada cual, la saciedad que encierra cuerpos reclamándose.
A cada cual, los milagros en la comunión con una reversa eternidad.
En el amor, los latidos que preparan la despedida.
En la pasión, la suma de sueños ataviados con la ausencia.
En mi realidad, lo que se arropa de inocencia.
Mi realidad es la espera, lo que fue, y lo que persiste;
es una frontera errante, lo inalcanzable.
Mi realidad es la muerte repitiéndose en mi vida:
la invitación de un dios solitario... a volver a nacer.
Rolando del Pozo
Están tus voces a manera de nombres cayendo en pasados;
tus miradas reposando en las efímeras sombras;
tus recuerdos persistiendo en los rumores de mi juventud;
tu abandonada soledad repitiéndose en los dominios del llanto.
Están las flores sembradas en tiempos lejanos,
acercando los paisajes, las inútiles visiones, el destino.
Están los silencios obstinados y los rasgos de la noche
asimilando los cenicientos adioses.
Tal vez nuestros rastros se dibujen en desbordados besos.
Tal vez mis palabras dibujen tu cuerpo en las nostalgias
y describan tus gemidos en los cristales de la ausencia.
Están los vacíos, los temidos sueños, las blancas mentiras.
Están las ganas, los delirios, las alucinaciones
y la costumbre de soñarte en los espejos hasta verte aparecer.
Rolando del Pozo
Acostumbras mis manos a tus fatigados plieges.
Encadenas mi confusión a los pretextos de tu vientre.
Levantas mis deseos errantes en tus afiladas caderas.
!Me llevas entre tus vestiduras a tus heridas abiertas!
En el lecho eres de alegrías, de adornados secretos;
eres la pasión mordida en mis extraviados suspiros.
En el lecho eres la piel del sueño que olvida el ayer
y regresa en tímidos remordimientos y tentaciones.
Ignoras mis jadeos, mis sudores y los pensamientos
derramados en impúdicas visiones. Ignoras los rígidos
infinitos en las fiebres, en los murmullos, en tus rezos.
Acostumbras mi realidad a tus rítmicas contracciones,
a tus sazonadas saciedades, a tus lentas poses
y me llevas lejos del mundo, en tu inmortal gemido.
Rolando del Pozo