Nada dejo de mis manos en la aventura de recorrerte.
Nada en la distancia que agota tus labios sin acertar con tus pecados.

Todo se vuelve la imagen que pierde la señal de la perduración,
que se evapora sin llegar al relieve de tus senos
y forja en los azares las esperas que asemejan ausencias.

Nada en el destino, nada en la apuesta por tus ganas,
igual a la anunciada herida al fondo de tus pasiones,
igual a tus asombrados gemidos en el suplicio de sazonada contorsión.

Todo se resume en los suspiros que caen en mis tentaciones
y evaporan la distancia y me vuelven más temprano que tarde,
al tiempo que no responde a mis trampas.

Hay desenlace en nuestras fiebres: lo perdido son sudores,

lo ganado es comenzar otra noche, encender el vino,
provocar la realidad y los signos oscuros de mi morada temporal.

Al final la nada es el todo si apuesto a tu vientre
y el mensaje son los hijos, vestidos de los colores de la renunciación.

Rolando del Pozo