Tuesday, May 30, 2006

A nuestro amor

A nuestro amor regresaron en sílabas:
una ilusión maltrecha adornando pausas,
una inquietud desnuda gimiendo sudores,
una voz recorrida de noches y ganas.

Llegaron las ausencias en gotas de invierno,
luego la mar y sal en contados pasos de tierra,
llegaste tú, vestida de palabras, recogida en voces,
levantada en llantos y sudores, ajena a la realidad.

Vuelven un sol anidando veranos y vidas,
y el silencio de muchas estrellas augurando
la paciencia de muchas noches de ardor y amor.

Volvemos, adorada, por el cauce de un verso,
en la brisa de varios humeantes horizontes,
al fundir de razas en la saciedad de un beso.

Rolando del Pozo

Digo

Digo te quiero y mis versos se pierden en todas tus paciencias y calmos yacen
esperando agonías, tu risa esparcida, tus besos verdes: los encargos de tu pecho.
Digo te quiero y se despejan horizontes, se invoca toda resurrección en una voz.

Digo te deseo y toda tu inocencia se rasga de espacios, se mutila la cordura,
se gestan rebeliones en tus pechos insolentes y la angustia del verbo se asila
en tu paciencia fugitiva, en tus poses nocturnas, en tu vientre agotado de luna.

Digo te amo y se rebosan los atardeceres, todas las voces se visten de vida
en señal de pertenencia y toda esperanza urge ser atendida de tus besos y ganas.
Digo te amo y se muestran tus misterios, tus ojos de luz: presencia de Dios.

Rolando del Pozo

Thursday, May 18, 2006

Miro


Miro al destino en la memoria de mil sueños,
va borrando las señales del mundo,
la lejanía en las sombras,

los juramentos que nos unieron en una vida poco anunciada .

La noche cambia de nombre;
hay más ruido en las estrellas
y las memorias ya no encuentran el perdón deshabitado de edades
el ardiente rastro del cielo
y las razones para no dejar pasar la nostalgia que transforma el corazón.

Miro al fondo del reclamante vacío;
sus bordes se abren en otras heridas,
en otras culpas,
asumiendo mi nombre con los números de temida condena,
anudando manos,
prometiéndome la cara de otros versos
y el turbio lenguaje de un anunciado puñado de adioses.

Miro al destino en la sangre de simulada realidad,
lleva la consigna de no dejarme saborear tus bondades,
lleva las trampas, las palabras rotas
y el instante doloroso, que es eterno.

Rolando del Pozo

Wednesday, May 10, 2006

Reconozco

Reconozco que digo soledades,
en el ocio de tus labios rojos,
en la sombra llena de tus pechos,
en tus continuos movimientos
donde crecen los ritos gastados y dispersos
que sólo conocen del lugar
que nunca habitamos.

Reconozco que el olvido
aún se labra en la distancia,
en el equidistante espejo
donde tu imagen es mi imagen
y en el orgullo que renace incierto y es testigo
que debo seguir dibujando
sueños con el tiempo.

Reconozco la gloria efímera
de la muerte en el beso,
la sostenida expiación del momento
que pertenece a la esperanza,
la distancia que es perdón y sombra,
pero no ausencia.

Reconozco al hombre
que tatuaste en tus piernas y lastima
las formas del viejo mundo
donde sueles permanecer.

Rolando del Pozo

Monday, May 08, 2006

Sé de las soledades de la luna en la profunda repetición de tu cuerpo;
me preceden sus sudores indistintos, menguantes y la oscuridad
que ignora el riesgo de un tiempo detenido.
Sé de tus senos en la larga realidad que adorna tu profanada agonía,
los precede la noche que ignoran y sin embargo la dibujan en mi alma
de espejos, de vanidad, de proscritas batallas.
Sé del hijo que reside en las sombras de tu sangre, en la memoria fiel
de tu vientre que desgarra el pasado y precede la voz que me libra
de la nada y me enseña en cualquier silencio, a ser feliz.

Rolando del Pozo

Toda sal y sombra

Toda sal y sombra se han vuelto abatimiento de besos;
temporal de versos y miradas atienden los perdones
de la tarde mientras recorro el caminar de tu boca en
susurro de noches, recuperando tu mirada de la tierra.

Alzas tu intrincada memoria y en el ocaso del espejo
caminas con la respuesta a mil voces vanas; empieza
la secuencia de imágenes sin tiempo y recuerdas luces.
Tu voz delira letras, sueños, se dilata y alberga la luna.

Se cansaron las soledades de nuestro cielo sin pausas,
la eternidad espera la caricia encauzada de tu vientre.
Alzas tu grito de estrellas, un cielo y los declives de

tus senos son testigos del claro letargo de mi verso
recorriéndote. Despiertas y el tiempo te regresa a los
sudores, al grato vivir soñando en espera de otra noche.

Rolando del Pozo

Wednesday, May 03, 2006

Sueles

“Los últimos serán los primeros”
Mateo 20:16


Sueles tocar el pasado con tus venas
y conservas todavía el sufrimiento,
la llave de tus pasos,
la lejanía en el cansancio de tu brillo.

La imagen repetida de una cruz
se vuelve la puerta de cegado destino;
se vuelve un eco a la deriva
en un cielo de temblores y memorias.

Sueles llenarte de espacios que juzgan mis noches
y me llama por mi verdadero nombre.

Sueles murmurarme, "el interior como el exterior"
y recordarme que mis sacrificios nada importan.

Los ecos en el fulgor de tu voz
abren las palabras que invitan
a culminar la inconclusa historia
de prostitutas, homicidas y ladrones.

El principio se confunde con el final
en las locuras del ayer,
en los disfraces del presente
y a los pies de un árbol de Navidad
extrañamente inmóvil, e inevitable.

Padre nuestro que ...

Rolando del Pozo

En busca

En busca de sombras, apurando la tarde,
debajo del claro lamento que exalta tu cansada frente
de leve mujer y niña traviesa,
recorres la plaza atenuando las verdades.
Suele gritarte la luna sus símbolos,
sus envidias de brillos,
sus dolores equidistantes
incitando tu hondo vientre
a robarse el sosiego de unos cuantos.
La noche anhela tu entrega desmedida
en latitudes poco manifiestas donde
te abres a la muerte,
te condenas y sobrevives al juicio igualador
que nace en tu cama y termina en tu vientre.

Rolando del Pozo

La ilusión

La ilusión en nuestro amor sobrevive al tiempo, al presagio
de volver a quererte en alguna otra vida, como los gemidos
a tus nombres, como tus espasmos a los gritos del hijo por
volver a nacer en inevitable copiada pasión, dolor y sombra.

Las letras en tu sueño describen círculos, solas habitaciones.
Los ciclos que no se cierran acusan la inocencia donde juzgo
las danzas de la luna, los verdores de tus manos, los pasos en
la memoria que se repiten menos torpes en un espacio ajeno.

Ausentarme es volver a tu caricia que disuelve el murmullo
menos conciente y lento donde no suelo preguntar, es sentir
presentes en la esquina de tu pecho y el futuro en tu vientre.

Permanecer en tu cuerpo extendido es el malestar de fantasía
envejecida por volver a recorrerte, es el retorno de la caricia
a la esperanza en tu mirada donde seguimos siendo del ayer.

Rolando del Pozo

Down

Down
Un cromosoma más abre puertas, del otro lado un horizonte
elevará una noche de plegarias, la profecía de su temporalidad,
la magia merecida por la esperanza de mirar tu piel en su piel.
La flacidez de su llanto te dirá de sus curiosos miembros y
sus muecas aunadas en su lengua te comunicarán con el Amor.
Suerte mejor encontrarás en sus palabras cortas, en la tardanza
de reconocerte como su madre. Dios miró tus entrañas y enumeró
tus penas y a cambio un ángel de ojos rasgados mandó a lavar
la rosa de tus noches, lo piadoso de tu ruego, la dicha de volverte
madre interminable en el sueño donde nos sabemos un solo cuerpo.

Rolando T. del Pozo

Mariam

Tu naturaleza vive entre formas luminosas,
en el misterio de lo incesante, en la negación de
unos cuantos que olvidaron tu ambivalencia.

Tus borrosas señales aún nos llaman al retiro
donde nada es demasiado y la luz lo esconde todo
y está dentro de todos y a nuestro alrededor.

Tu nombre lento fluye en el manso declive de Su
cruz que termina ocultando tus signos, aunando
soledades, escondiendo tus palabras rasgadas.

El interior como el exterior, el sueño en la realidad
y mover montañas no tienen sentido si el concepto
nos desconcierta, y tu palabra no reina más.

Rolando T. del Pozo

Grato

Grato es escuchar la voz del limonero estirarse
en una plegaria de finos laberintos, la música del jazmín
dirigirse a tus arenas profundas y el vano presentir
de tus manos guardadas en el ocaso distante de mi ruego.

Tu ausencia no es ausencia si tu imagen sabe de cada
mañana tornada en palabras de tiempo, de la piedad
en tu quebrada curvatura de madre, de tus iguales
y hondos despertares donde suelo esconder mi alma.

Grato es tenerte en mis recuerdos, en la callada esencia
de tus transgresiones, en la duración del hombre, en mi
reclamada ceguera. Grato tu reflejo y yo la réplica asegurando
el milagro de perdurar sin mancharnos de sombras.

Rolando T. del Pozo

Cáncer

Vuelves vagamente en la sombra abundante de su sentencia,
en la frescura intemporal del ruego, abrumada de ecos y
reflejos, desierta de esperanzas, partida por el diagnóstico
que roba tus pechos y los llena de la oscuridad de la tarde.

Vuelves acordándote de los hijos que supieron del principio
en tus pezones y del cariño de tus brazos. Vuelves más allá
de los años, más cerca del comienzo, a luchar con la memoria
de una ausencia larga en la confusión de un proscrito sueño.

Vuelves incompleta, abrigando rezos, dolores, y lágrimas
en la llanura de lo inesperado. Vuelves confundida en el amor,
en la belleza que sentiste amputada a cambio de permanecer
sujeta a los besos del hijo, a la ilusión del “siempre te amaré”.

Rolando T. del Pozo

Un cielo

Un cielo se consume bajo mi lengua y tu mirada insiste,
en los secretos de mi cuerpo desnudo, en el tiempo de tu
reposada voz de selva, ríos y viento. Se advierte el dolor
en tu sonreída soledad como una voz que tienta a la paz.

Los sudores esconden el morder de tus tristezas, tu piel
habla con un mar de gemidos, y la voz de tus senos es
la gravedad en todo beso derramado con la precisión de
una lluvia de versos, con necesidad de llevarte plena.

Sólo tu voz se ausenta a una cruz esparcida en tu vientre,
a tu rezar de noches calladas, a tus silentes ojos, sólo tu
jadeo permanece en el incendio de tu mirada, ignorando

tus dispersos sueños. Un cielo se pregunta por tus celos
y sólo señala misterios en tus palabras: son las ganas de tu
boca rosa, adivinando mi silencio, estableciendo el amor.

Rolando del Pozo

Debo

Debo crear un camino en la arena de los siglos,
en el cambiante deseo, en la vedada alucinación
que te invoca de luces. Mi idea de tu amor es un
tiempo lleno de alegría, sin pasado y permanente,

que requiere de acuerdos con el destino para forjar
una caravana de versos. Le debo guerra a tus senos
y a la saciedad, el coraje de arrebatarte nuevamente.
Mi idea de tu amor es encontrarte en las primeras

flores de primavera, en la demora de nuestros besos,
en la vigilia del espejo que nos mira y revela el ardor
de tu vientre sin ocaso y tus piernas jugando a divisar

una noche interminable. Le debo a tus días mil años
sin símbolos, una realidad de prodigios y la repetida
voz de tu primera noche jugando ignorar el tiempo.

Rolando del Pozo

No se detiene

No se detiene mi piel de sueños entre tus dedos de flor
nocturna, acusando al tiempo de innecesario, a ciegos
fantasmas de fatuas alegrías, al transcurrir de tu secreta
voz cayendo de cielos cerrados en mañanas inclinadas.

No se detiene el silencio en el robo de tu sonrisa, derriba
la tempestad del alma enamorada que sacude un lejano
despertar de ecos más allá del ámame, y crece bajo tus
sábanas lejos de lo inesperado, cerca del dolor sin celo.

No valen tus angustias vejadas en espacios profundos,
nos vigila el ayer en el movimiento de la nada, nos asedia
el futuro y no sirve nuestra paz en la desdicha de la noche.

No se detiene la vida en cercada primavera, la felicidad
no sirve si el alma se ausenta en herido viaje inmaterial.
No valen más celebraciones si se detiene el amor a llorar.

Rolando del Pozo

No habrá

No habrá colores desgastados ni cicatrices en
nuestras noches de rosales abiertos e imágenes
desbocando pasados. En tu voz ha de levantarse
tu vasto olor y tu mano acunando sueños azules.

En tus palabras han de levantarse los besos de
formas nocturnas y el mar que susurra espacios,
luego, la magia de espejos y el camino de ecos
de tus ojos pardos serán pausa en nuestro amor.

No habrá gemidos sin esperanza, ni recuerdos,
y sólo el presente merecerá tu voz de remansos,
porque el deseo no puede soñar en tu piel de sal.

No habrá silencio en la encrucijada de tus senos,
ni el declive de tu llanto me negará el modo con
que asumes este amor, de días y noches sin paz.

Rolando del Pozo

Eres un alma

Eres un alma con ecos, la silenciosa amarra en mi tierra
profunda, a veces, una voz llena de estigmas nocturnos
que me recuerdan siempre tus piernas impunes. Eres el
enigma en mi boca, el suspenso reflejo de luna mordida.

Cierra tu voz profunda, he venido a silenciar tus tiempos;
he aquí mis palabras descalzas no recurren a tu piel ebria
para saciar tus silencios de madre, ni tu sombra sufre los
temores de este amor de proporciones inmensas y salinas.

Eres ansiedad de profundos atardeceres, en ti aletea vida
derramada de tu fresco regazo. En tus senos viene vestido
mi dolor de amor y desnuda la soledad húmeda del viento.

Eres el rostro del amor que migrar a desconocidos pasos.
Eres el rumor que anuncia la vastedad de un crepúsculo
sembrando mis ríos, tu voz mojada, tu cintura de versos.

Rolando del Pozo

Tuesday, May 02, 2006

Verme

Verme en tus ojos de espejos, lleno de calmas, de luz,
de imposibles versos, me ha traído tu mano encendida
en el perfume de tus anhelos, tu voz de noche desnuda
en un sueño, tus labios migrando a mi piel de reflejos.

Vivir el viaje de tus formas y la tersura de tu imagen
me han revelado un mundo de espacios disueltos y
la blancura de un cielo repetido en mi memoria de
pausas que disfuma la agonía de mi viaje a tu pecho.

Azul espejo donde mis presentes son flores imitando
tus gestos, donde empiezan tus dolores y lo ilusorio
tiembla en tu regazo de inversos, de agitación, de sol.

Celeste superficie de brumas, de silencios, de azares
descansando en el crepúsculo, mostrándote al inicio
y al final del tiempo cuando amar será sinónimo de ser.

Rolando del Pozo

Tu claridad

Tu claridad me anuncia tu indócil ternura,
un florecido mañana, un espacio disuelto,
la persistente memoria de muchos besos
y las anunciadas voces dilatando tiempos.

Se ahonda la vida e indiferente la nada cede
más espacio a tu voz. Tu claridad renuncia
a la despedida en las rosas, a la soledad en
postrer jardín de sueños y manos invisibles,

a la plegaria sin sentido que te devuelve al
pasado. Se ahonda tu mirada y en mi amor
ha de levantarse la magia de vanas noches

para confundir presentes y llenar ausencias,
para revivir los días que arrojaron luces y
saciaron los versos, con los signos del ayer.

Rolando del Pozo

No puedes

No puedes amores en ilusiones rotas; un río calma
si se detienen tus besos y tus habitantes esperanzas
detrás de brumas jadean sudores si se ausentan tus
razas de las pasiones, que nunca nos avergüenzan.

Al menos sabes de tu vientre que ruega al destino
una rosa sin espinas, de tus madrugadas en el barro
de negra tierra brotando presentes maquillados de
luz, rumores ciegos, y la clave para dejar de nacer.

En la oscuridad dibujo mundos con la piel sobrante
luego de amarnos donde ausentarse no es opción si
tu huella es parte de mis sueños y oculta imágenes.

Al menos sabes que puedes volver de las estrellas y
que sumar mil realidades no igualan una fantasía en
tus labios; la vida es lo que mis sentidos me niegan.

Rolando del Pozo

No puede

No puede faltar tu sombra en el olor de los amaneceres, se
esconde de las ausencias y en mis ojos acarrea el luto de la
paz, en la mitad de un suspiro. En la ansiedad tu voz sigue
siendo de pasados, de colores a veces brilla con toda razón.

No puedes seguir el camino donde el tiempo fue hecho de
preguntas. La pasión no refleja tus azules delirios cuando
vuelves recogida de calores y no puedes saber del revuelo
de estrellas en la intemporalidad de esta luz de malestares.

El amor da vueltas sin detenerse en mi corazón de miradas,
dispersa el sueño, aclara el incendio de la nada, la furia de
tus luchas, en tu ansiedad de versos, en tu vientre dormido.

No puede lucir la noche su cielo de preguntas, de grandes
árboles lunares y destinos sin tiempo, no puede lucir su voz
en el viento de tu silente cruz, donde sin embargo, sonríes.

Rolando del Pozo