Friday, March 31, 2006

Desde

Desde tu voz que saborea la pausa, la incesante
figura del sueño abarca las cifras de tus piernas,
la señal de numerosa mujer tímida y escrutable,
las formas imprecisas del firmamento en tu piel.

La vigilia del amor tejió el conocimiento en tus
días, el alfabeto de tu vientre, el venturoso hoy,
el azar de no olvidarte nunca. Eres desde el ayer
la compañera de mis labios, el color de mis ansias.

El saberte de rosas sondea la espesura del espejo
que refleja el rostro inmutable del tiempo. Eres
el más firme de los años que rehúsa lo que habita

en las figuraciones del mañana. Desde la noche
se anudan los primeros dolores, el camino final
al acto de resignarme en tu voz, a volver a nacer.

Rolando del Pozo

Wednesday, March 22, 2006

Duérmete

Duérmete sobre mis alas, endereza la tristeza,
vengo de la tierra en el naufragio de tu vientre
donde reposan mis invisibles ruegos, los signos
de tus senos y el deseo en agua gimiendo besos.

A tu piel va extendida mi sombra, desatando la
luna en la furia de mis venas, va el sudor de la
noche al surco de tu bella primavera y el viento
repetido en el ardor de tus espacios dormidos.

Me recibes en tus dolores donde encierras lo
sediento de mis versos lastimándote y adoptas
las soledades de la luna, sus silencios oscuros,

la brevedad de su lamento. Me recibes vestida
de amor inmenso, recorrida por el relámpago,
quebrándote a la altura de mis sueños, eterna.

Rolando del Pozo

No deseo

No deseo pensar en la posibilidad de tu vientre detenido,
si algo debe cesar que sean nuestras palabras en un beso,
si algo debe vivir que sea tu incansable boca húmeda en
este amor de aguas inquietas recorriendo surcos y cielos.

Deja al ardor de mis venas morir besando tu cuerpo de
tiempos detenidos y de placeres inmóviles; tu espasmo
debe durar tanto como mi boca perdida en tu piel rosa
de encuentros y luego volar arrancándome los olvidos.

Deja mis labios en los abismos de tus pechos establecer
el reflejo donde sobrevivan, lo indeleble de la herencia de
tu sudor y la fuerza transparente de tus nuevos gemidos.

Deseo pensar en tu piel sin descansos abrazando una sola
vida en tus ojos cerrados, y un solo sentir en tu tierra de
madre. Déjame amarte sin dolor en tus extendidos besos.

Rolando del Pozo

Bajas

Bajas de la luz y a los silencios del sol vuelves como
el movimiento que cambia de distancias y anuncia la
espesura de tu cuerpo. Regresas por el camino corto
e interminable de tus senos, enfurecida como la daga

que lastima el costado de mis sueños, el vientre dulce
de la esperanza y la miseria de un orgasmo sin tiempo.
Bajas de las esquinas de un tiempo repetido, a tu voz
y sonrisa. Por el camino de vanas flores te vuelves el

brillo de cuerpos retorcidos de tantas poses de amor
añejo. La frontera de mi piel reclamando el poniente
de tu pelvis, no cesa de establecer en las imágenes de

este amor de manos, los fluidos que te vuelven ajena,
interna, adolorida. Bajas y no cesas en la brisa de viejo
andar que te reclama fértil, soberbia y madre infinita.

Rolando del Pozo

Todo

Todo está donde lo dejaron tus labios, en una difusa
primavera augurando la tierra, invadiendo el tiempo,
en el instante que no comprendo, en los portones de
las iglesias y en la sombra de una mirada sabor a cielo.

Todo luce igual que tus palabras, imposibles en la
despedida del beso, singulares en la sugerencia de
desnudarlo todo y esparcirlo en las húmedas manos
de tu juventud de versos, de amor y paz sin salidas.

Están tus silencios en horas, el mar que enumeró
la perfecta simetría de tus lágrimas, la luna riendo
en el balcón de tu voz y el olor a piel acariciándolo

todo. Está la música que acompaña tus alturas de
madre en el ángulo ciego de estos versos, están las
salidas sin pausa, la resonancia de tu bello recuerdo.

Rolando del Pozo

El tiempo

El tiempo es la distancia que no compartirán
tus intentos de cielo por ser de imágenes. Tu
variada sonrisa de mutuas memorias, asume
el pasado en voces, que nada pierden, si sólo

tienes la cordura para ser valiente y aprender
el valor de perderlo todo y ser feliz. El tiempo
es un espacio de horas sin destino y pausas sin
naturaleza, una vana claridad que no se agota

en la dicha de tus besos y que no será borrada
por los símbolos de nuestra vida corta y vasta.
El tiempo nos ignora si en la paz nos queda la

vitalidad de la rosa por inclinarse bajo la luna,
hacia tus indescifrables secretos, admitidos en
la vanidad, al repetido sueño del todo o nada


Rolando del Pozo

Del amarnos

Del amarnos he tomado un par de rosas,
tu lento cuerpo,
los engranajes de la dicha,
un espejo donde imaginarte siempre cierta
y tu mirada sin fondo ni sombra
donde la noche limita con tu piel
y se respira una calma estrecha.

Del querernos sale nuestro miedo de locos
a mutarse en un nuevo idioma
que prescinde de tus manos para sentir;
salen los fantasmas de tus rendidas noches
a lucir nuestra voz
y el desvelo de caricias
con presagios de amaneceres.

Del vivirnos, nuestras orillas sin límites
anulan el tiempo,
preguntan sobre la historia en tus sentidos,
del color de tu nacimiento,
de tu infatigable poesía extendida en las estrellas,
donde volvemos de variadas formas a soñar.

Rolando del Pozo

En tus ojos

En tus ojos aplazo lo existente, discierno los colores
de la luna, la fragancia de tu inocencia, el deseo de
vivirte. A tus miradas sube la lluvia clamando luces,
agotando la sordera donde encierras mis perdones.

En tu voz abrazo tus despertares tan fuerte como tus
ausencias; el tiempo sabe engañarme en lo intangible
de tus gemidos donde mi cielo desencadena mares
decorados por viejos amaneceres y heridas de viento.

Déjame ver en la torcida luz de tu boca entreabierta
que tus palabras duran los recorridos de mis venas y
tu tierra percibe el paso de mi voz susurrando cielo.

En tus ojos, viviré tu piel de abrazos y la tentación
de ignorar las distancias que la muerte rechaza y tus
voces reclaman para confundirse en un solo existir.

Rolando del Pozo

Escucha

Escucha como ocurre el amor, se esconde en los brazos
de tu boca, galopa distancias en tu frente de espuma y su
ansiedad es la infancia de tu perdido apetito por ser alma
en la contradicción de mi piel, en la cópula de mil besos.

Es la hora de tus silencios, de mis dolores y tus vuelos,
de vivir los sosiegos en tu vientre, en el alegre asombro
de tu sed de madre. Es hora de contenerme en tu fuego,
en la embriaguez de ceñirme de tus actos de ternura y fe.

Escucha mi carne que evocas en el dolor de pertenecer,
como espejo lo inverso de tu condición de mujer refleja
albergando infinitos, acogiendo el hambre de mi pecho.

Escucha la distancia del beso, es un terrible espejismo.
Es hora del tiempo apoyándose en tu voz, en la dulzura
de tus senos, en las claves de amanecer, amándonos.


Rolando del Pozo

Me faltan

Me faltan los segundos que se llevan el viento bajo tus
latentes guerras cuando la lejanía en tu ser es el tiempo
alegre del beso, cuando alada y herida descubres calma
agarrada al deseo y el amor contenido en unos versos.

El pasado en mis besos comparte el futuro en tu dolor
por amanecer desarmada en la muerte, implacable en la
sonrisa que el viento corona de espacios, aplazada en la
hora de partir en tus acumulados vuelos, bajo la nada.

Me falta celebrar tu corazón que conoce el apuro de mi
antigua voz de noches alargadas por habitarte de formas
marinas, falta tu piel en contra de mi sudor saciado y

el poder de manejar la verdad transparente en tu vientre,
cuando tus gemidos tratan de llevarse la fe de mis letras
y la visión de tus senos invade de fragancias mi mundo.

Rolando del Pozo

En tu piel

En tu piel apartaré la división de tu inocencia,
el viento retenido en las esquinas de tu sueño,
el atardecer solitario en el fondo de tu mirada
y la música regada al comienzo de tus labios.

En tu voz se alarga la doliente complacencia,
las raíces de tus súbitos placeres ahogados, tu
desnudez fecunda de flores y atardeceres, tus
círculos erguidos en la creación de tus besos.

Regresa el sediento susurro a tu alma de perlas,
a tus otoños cortados, a tus heridas aromas de
madre entreabierta en inmenso corazón rasgado.

En tus atormentados pasos sucumbe lo natural
de tus piernas levantadas en tus horas de calma
y el roto amanecer enamorado de tu despertar.

Rolando del Pozo

La ilusión

La ilusión en nuestro amor sobrevive al tiempo, al presagio
de volver a quererte en alguna otra vida, como los gemidos
a tus nombres, como tus espasmos a los gritos del hijo por
volver a nacer en inevitable copiada pasión, dolor y sombra.

Las letras en tu sueño describen círculos, solas habitaciones.
Los ciclos que no se cierran acusan la inocencia donde juzgo
las danzas de la luna, los verdores de tus manos, los pasos en
la memoria que se repiten menos torpes en un espacio ajeno.

Ausentarme es volver a tu caricia que disuelve el murmullo
menos conciente y lento donde no suelo preguntar, es sentir
presentes en la esquina de tu pecho y el futuro en tu vientre.

Permanecer en tu cuerpo extendido es el malestar de fantasía
envejecida por volver a recorrerte, es el retorno de la caricia
a la esperanza en tu mirada donde seguimos siendo del ayer.

Rolando del Pozo

Libre

Libre de la distancia el infinito es sólo un espejismo
regado en tu amor de sombras y cristales; palidece
en los límites del hombre y parece estar soñando otro
laberinto, temeroso de la tarde, de tus manos abiertas.

Libre del tiempo tus empeños son el perpetuo comienzo,
la aventura que no planeaste, la conjetura de siempre
haber existido, tus afanes de madre al inicio del Amor.

Libre del hombre y su paisaje, nuestros sueños son la
crónica de una naturaleza anunciada, la víspera de un
sendero que volveré a pisar, la ausencia del recuerdo;
libre busco tus besos, la esencia última e incesante de ti.

Rolando del Pozo

Tuesday, March 21, 2006

Tu voz

Tu voz en el mejor de los versos ha soñado el terso diálogo,
nuestra primera metáfora, los curiosos ecos que nos visitan
simulando sentencias, las palabras del ayer que no nos dejan.
Tu sabor es un libro lleno de luces, la dicha del sorprendido

espejo, la última dimensión que incluye mi sed de números
infinitos rodando tu espalda, la flora de mundo inexacto, los
fantasmas que rondan mis dudas y prescinden de mi espacio.
Tu piel es el primer nombre del amor que decidió ser mi día,

la cara de mis fantasías que siempre abren la misma puerta,
hacia la misma esquina donde recojo tus besos, la suma del
mar y tus lágrimas, las formas de nuestras sombras amando.

Tu amor ha soñado el paraíso incomprendido de las rosas,
la vasta paz de tu abrazo, la caótica súplica de tus gemidos.
Tu voz es la mejor de las batallas donde suelo morir de ti.

Rolando del Pozo

La noche

La noche abre puertas y una lágrima anuda lamentos
en abandonado cielo sin orígenes; llueven pájaros y
rezarte no devuelve la sombra del obstinado futuro.

Acumulo fríos vuelos en el naufragio del tiempo, en
la hora de asombrados dolores recorriendo mi cuerpo
como presagio de infantes deseos volviéndose amor.

No se agota Freud y volverse oral no resuelve mis
malestares; la curiosidad me devuelve a tus pliegues,
a tus esquinas, a tus sudores, en contenido milagro.

El ego en tus besos aún suplica realidades; no son
necesarios más motivos en la histeria de este amor
imitando los síntomas de tu alma abierta a sufrir.

Rolando del Pozo

Monday, March 20, 2006

Al norte

Al norte sólo se explican tus senos simulando ponientes,
los días descifrando paraísos, la palabra de sueños, el oro
del infinito tiempo errante en tus circulares espejos y el
amor en sus largas migraciones a tus escrupulosos ahogos.

Al sur, el rastro de mis manos precisan del encuentro con
tus labios, con la sombra de tus pliegues, con tus sudores
azulados; el rostro de la pasión sigue siendo el volver a tu
mar abierto, con la luna entre los brazos y la voz agarrada

a tu vientre. El ayer me devuelve a la conjetura de amarte
siempre sin comienzos, a la víspera de una nueva aventura
en tu inmortal geografía y a tus graves amasados placeres.

El norte es el sur en cualquier momento y el tiempo carece
de las respuestas a tus enternecidas curvas, a entorpecidas
sombras fingiendo mañanas en la estatura de nuestro amor.

Rolando del Pozo

Es silencioso

Es silencioso tu despertar e indescifrable tu
mañana; mi piel es dueña de un lento divisar
que vanamente busca los rastros de la luna
en tu espalda complaciente y admite el olvido

por el valor de un beso. Es silencio la palabra
de los años en tus interminables posiciones y
voces, donde te adueñas de las sombras en la
suerte que arrojaron tus entrañas y es dicha

y dolor para mis ganas. Eres silencio entre las
sombras que terminan por acunar tu puntual
contracción que enumera rosas y gemidos.

Eres dueña de espacios cerrados y temporales
en la calma, donde te ausentas de tu carne y
haces del silencio la voz de tu tierra mojada.

Rolando del Pozo

Te place

Te place sostener la distancia que nos mantiene
cerca y ocupa el mismo espacio que impone pasados
y estrecha pensamientos cuando cesan las necesidades,
cuando el sueño es sorprendido soñando en tus senos.

Te place el susurro si se colapsa; es conmovedor
la temporalidad de nuestros conceptos que imponen
al cielo el golpe distinto y doloroso de nuestros ciclos.

Te place obviar la fantasía de tu libre albedrío,
sabes que retornas y no ves el destino al final de
tu jornada que siempre comienza en cualquier esquina,
en el drama de existir consumiéndonos.

Rolando del Pozo

Tus silencios

Tus silencios son palabras llenas de brisas,
juegan en la idea hecha de tus perfumes
donde se abren todas las puertas y tu voz
colmada de mis horas, se adentra pausada.

Tus orgasmos son las letras que dibujan
el haber sido ansias al borde de tus ilusiones
y el resto de un cercano sur en agonía.
Duelen tus ecos si te desnudas y aún hay

rastros de tu alma fresca y el perfil del
recuerdo sabor a sueño aliena el mañana.
Duele tu faz tranquila cuando se estrechan

todas tus flores y es preciso reducir el tiempo
de tu escape nocturno y volverte envuelta
del futuro suprimido, en nuestro bello presente.

Rolando del Pozo

He dejado

He dejado la clara luna recorriendo tu soledad de armonías,
aprendiendo de tus humores lo cierto en tu poblada silueta.
Tu pasión sin letras ni definiciones me busca en la anchura
de tus expuestas auroras, en rosados e inmensos mañanas.

Ser feliz importa en cualquier instante, en tus largas piernas,
en la dicha diversa de tu vientre que nos libera de la nada,
en la hora cuando nos buscan las ganas y olvidamos el ayer.
He dejado el mundo en lo profundo de nuestra vida corta.

La voz lateral y deforme de tus ganas me busca en tu pecho
inexorable, me demora en el destino inexplicable, acechado
por tu rostro que faltaba en muchos nombres y en los signos

de un círculo interminable. Me han dejado los alientos de la
luna en agonía de un amor acercado a tu tiempo de memoria,
para aprender del olvido la rosa, y de tus gemidos ese otro yo.

Rolando del Pozo

Se van

Se van los suspiros formando ciudades,
los grises de la noche,
las máculas de tu alma virgen
y el silencio en los hastíos.


La sangre sobra en las calles,
el dolor se quiebra más lento en los corazones,
y lágrimas se escapan de una piel gastada.

Se van los anhelos en la vergüenza del ayer,
en la mirada de latidos ciegos
donde la paz tienta las madrugadas,
donde persistimos en olvidar el origen del perdón.

Se van los deseos detrás de cielos luminosos
mientras el viento regresa la tierra húmeda y salada,
las manos de rostros olvidados y el ardor.

Se escucha un fusil repitiendo su amenaza

y el amor se cuestiona en mutilados edificios y trenes.
Se van tus extremidades, tus hijos, tus padres
y quedan las preguntas... en ecos vanos.


Rolando del Pozo

Duermo

Duermo en la idea que envejece en tus manos.
Respiro la historia que ha de repetirse en el manifiesto de tu raza.
Como las ganas que se multiplican en los hijos,
como el hombre que resucita en el hombre,
multiplico las pausas en un tiempo sin finales.

El tiempo es la mejor bendición
si la esperanza no se agota
y no le debes nada a la muerte,
y el cuerpo es la mejor de las prisiones
en aburrido infinito que no termina de formarse.

Rezar sobre tus senos tiene varias dimensiones:
nunca sé si mis ruegos me ayudan en el pasado o me defienden del futuro.
Duermo en las inconexas palabras del destino;
no es imposible dejar de ser humano si ignoro los segundos
y releer las cosas del mundo me llevan al comienzo de un círculo interminable.

Rolando del Pozo

Ves

Ves los problemas con la sonrisa que nos visita en la luz de nuestros amaneceres,
cuando prefieres ignorar los segundos que nos despiertan y descubren extendidos tus besos,
hundidos en la alucinación de volver a querernos de alguna manera.

Asumes la temporalidad de nuestros diálogos; se resumen en la versión vasta de la vida,
en la memoria que empieza y se apaga sin recordar tu cuerpo dilatado y permanente.

Ignoras la demora en la necesidad de volverte viento.
Te imaginas en la palabra que resalta tu debilidad y te consume como a cualquier infinito.
Asumes tu piel extendida, tu vientre, tus gemidos proyectados en el rito de nacer.

Rolando del Pozo

Quiero

Quiero olvidarme del mañana en tu susurrar pausado,
del coraje de su fuego evocador de circunstancias, del
origen de temporal armadura en manos de la agorera,
de su opaco rebuscar en la bruma que lo regresa todo.

Quiero mezclarme en el pasado de tus piernas sueltas,
en la noche de los silencios espantando lunas violetas,
en palpitante sudor derramado de tus ocultos pliegues,
en la delicadeza de tus interminables círculos rosados.

Sólo el presente merece tu sueño mientras arden tus
orígenes lunares, los ruidos del polen multiplicando,
y tu devoradora presencia en mis agotados adioses.

Sólo lo eterno explica las pausas, un cielo de manos
abiertas, la ausencia de contrastes en tu erótico besar,
y el tesón por borrar el ritual que te declara amante.

Rolando del Pozo

Sunday, March 19, 2006

Hoy

Hoy tus palabras son el perfume que permanece;
van llenando soledades en la hora cuando soñarte
recoge del viento toda estrella irreal, y el asombro
de quebrados silencios donde respiro toda sonrisa.

Hoy deliro en mis pausas, en las voces trémulas
de escogidas luces donde los finales no siempre
son principios. El tiempo sabe llevar mis ansias
arrinconadas en la idea de amarte sin comienzos.

Todas las tristezas juegan con sus manos llenas
y abren puertas de brisas en un cielo interior de
horas silentes. Hoy llueve otro sol de bondades,

de miradas inversas, donde el camino es la paz,
y lucirte de manos abre el horizonte a la vida,
y amarte siembra de presentes los ojos de Dios.

Rolando del Pozo

A una ruidosa tarde

A una ruidosa tarde me lleva el silencio de tus pasos,
a los cristales de tus senos que se repiten en mis labios,
y a tu rosa, que desgarra en voces mis silentes cicatrices.
Tal vez no importa tanta memoria despertada en tu voz.

Libre de certezas se escriben mis versos en tu boca
llena de días, de lejanía, de azul permanencia. Oculta
saciedad abre mil puertas de misterio, de signos y luz.
Tal vez importen mil sueños resucitados en palabras.

Un aire de paciencias percibe los aciertos de tu pasión.
Se repite toda ilusión y cada sudor es fantasma del beso
último, del siguiente atardecer encerrado en tu vientre.

A una ruidosa tarde vuelvo, en el sin fin de tus círculos,
repitiéndome en tus gemidos, sin las dádivas de tu calor.
Tal vez sólo importen tu rostro de luz, y nuestro amor.

Rolando del Pozo

Tenemos

Tenemos las diversas edades del tiempo, en el hálito
de tu viaje nocturno, en los diálogos de las estaciones,
en las sombras intemporales de tus curvas fingiéndose
el adiós del crepúsculo, el reflejo de una cama con ecos.

Rigen las poses casuales de tus piernas en los principios
de la memoria que nos ha unido en el espejo y observa
el peligro en la monotonía de tus gemidos. Tenemos las
voces y escribirte en función de tus besos me dirá cielos,

me dirá de casuales discursos sin fin que nunca vieron
lo proscrito de tus senos, la creciente sed de tus pliegues,
la partida de tu piel en el sin fin de un tiempo sin paz.

Tenemos los sueños que han unido la frescura de ansias,
el sabor de estrecharme en tus presentes y la misteriosa
felicidad de confundirnos en el crecimiento de siempre ser.

Rolando del Pozo